Crónicas de Queso
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domingo, 5 de agosto de 2012
Adios
miércoles, 3 de febrero de 2010
PUBLICACIÓN
lunes, 25 de enero de 2010
LE PASÓ AL AMIGO DE UN AMIGO
Esa mañana desperté temprano y decidí ir en búsqueda de la añorada joya. Tomé una inmensa taza de café bien cargado. Prendí la televisión para ver noticias y de paso despabilarme un poco. Cogí una bocanada de aire, apagué el aparato y me paré con cierto desdén.Salí de casa poco después de las 9:00 de la mañana, calculando que el viaje hasta el centro tarda una hora y media. Tomé un taxi amarillo, porsiacaso, y me enrumbé. En el camino abrí un paquete de galletas que llevaba en el pantalón desde hacía dos días y las comí mientras involuntariamente pegué la vista en objetos inanimados. Motivo de la mala noche, no pude evitar luchar en una contienda por estar alerta. Por fin e irremediablemente me dejé llevar por el onírico juego de mis instintos. Solo fue por dos minutos, al menos eso creo.
De pronto una ronca voz me sacó del regazo mental
- Ya llegamos.
Demoré unos segundos en bajarme. Cuando finalmente mis pies tocaron la vereda la voz reverberó, una vez más, en mis oídos.
- ¿me va a pagar o no? – Dijo el taxista un tanto exasperado.
Rápidamente saqué mi billetera del bolsillo y le entregué un billete de diez soles.
- No alcanza - replicó bastante irritado.
- No importa, quédese con el cambio- contesté con la mirada en el piso.
- Faltan cinco soles.
- Ah perdón tome.
Caminé cinco cuadras hasta llegar a la calle de las joyerías. Lo único que hice fue circular y mirar las majestuosas vitrinas que ostentaban maravillosas y costosas joyas. Sabía que, aunque mis ahorros no eran cuantiosos, podría comprar algo que le gustase. Algo que demostrase cuanto la quería. Algo que la haga decir sí.
Por fin quedé pasmado. En el aparador de aquel lujoso local colgaban destellantes tiras plateadas que adornaban simétrica y meticulosamente los más bellos artilugios que había visto en mi vida. Eran de diversas formas, colores y diseños, pero todos tenían algo en común. Eran anillos. No me alcanza - pensé – están fuera de mi presupuesto. Sin embargo como nada se pierde husmeando, decidí entrar y preguntar sus valores.
El interior de la tienda era modesto, clásico y elegante. Intuí que detrás de ese mostrador, y de aquellas simples puertas de madera, habían pomposas joyas. Las más raras piedras preciosas. Pensé en la cantidad de dinero que valdrían y en lo que sería volverse loco por un instante. Ponerse un pasamontañas sobre el rostro. Cargarse de intimidantes armas de fuego y asaltar el lugar. Huir al extranjero con un mundanal de plata. Poder, allá, darle un mejor estilo de vida. Como el que ella sueña. Uno lleno de lujos y comodidades. Uno que sabía bien, un comunicador, como yo, no podía darle.
-Señor, ¿se le ofrece algo? - Me dijo una platinada y elegante señora.
- Buenos días, quisiera saber los precios de los anillos que están en la vitrina.
De cercar eran aun más bonitos. Similares a aquellas enormes piedras que Liz Taylor y Sofía Loren llevaban a los premios de la academia.
- ¿Cuánto cuestan?
Los precios oscilaban entre: Ni en sueños me alcanza, Quedas empeñado de por vida y terminas completamente quebrado (pero no endeudado).
Luego de meditarlo por espacio de cinco minutos, opté por la tercera opción. Salí de la tienda y me dirigí al banco. Me paré en la primera ventanilla y retiré efectivo hasta que mi cuenta quedó con un balance de cero con cero soles.
Apresuradamente regresé a la joyería. Miré directamente a los ojos de la acicalada vendedora y le dije.
- Me llevo este.
Sabía que eran los ahorros de toda una vida. Estaba consciente que era una friolera. Pero valía la pena. Ella se lo merecía.
- ¿Quién es la afortunada? – preguntó, entre risas saltarinas, la sobreactuada vendedora.
- Mi futura esposa – contesté mirando al vacío.
- Ayyy que romántico ¿se lo envuelvo?
Recupero el aliento y digo.
- Milagros ¿hace cuanto somos enamorados?
Ella hace una pequeña e inusual pausa y replica.
- Bueno desde enero del 2004. Hace cinco años ¿Por qué?
- Sabes que hemos avanzado en la relación y cada día que pasa te quiero más – Le dije con voz temblorosa e insegura.
- Milagros, lo he meditado mucho –le digo mientras extraigo de mi bolsillo un pequeño y peludo estuche gris.
Ella se sobresalta, y clava su mirada al objeto. Siento que ya no me escucha. Que toda su atención está en la pequeña cajita.
- Milagros , ¿Me estas escuchando?
- Claro que te escucho pero ¿Qué es eso? – Me dice visiblemente angustiada.
La ignoro y continúo. Abro la cajita y saco a relucir el pequeño y fino anillo. Tiene una brillante piedra redonda cuyo soporte es dorado, delgado y delicado. La miro directamente a los ojos pero las palabras no salen. Mi vista se nubla y ahora solo escucho su rápida y agitada respiración. No puedo ver su rostro, pero la escucho. La escucho. Sé que está ahí. Expectante. No sé que responderá pero igual lanzaré la pregunta. La pregunta que derivará directamente a mi felicidad. A nuestra felicidad.
- Milagros ¿Quieres casarte conmigo?
Ella me mira y no dice palabra. Solo percibo a los grillos darle sonido a la noche y su acelerada respiración darle atmosfera a nuestra escena. De pronto oigo el rechinar de la silla y noto que se apoya en el respaldar. Luego encorva su espalda. Posa sus codos sobre la mesa y acerca su rostro al mío. Siento su boca muy cerca. Su aliento me roza. Suspira temblorosa y responde suave y compasivamente.
lunes, 18 de enero de 2010
Machu Picchu: Here we go.
No sabíamos en lo que nos metíamos y creo que era mejor así. El clima no era el más óptimo pero nuestras ganas sopesaban cualquier obstáculo que se presentara en el camino. No puedo hablar por el grupo, pero la adrenalina bombeó sangre e impulsó cada uno de mis movimientos y actitudes, tal vez eso me llevó a apoyar tan descabellada idea. Marco es un ingeniero de sistemas de 22 años cuyo sobredimensionado autoestima y falta de tino complementan su retaca y fornida figura. Tiene cabello corto, casi pelado, tez obscura y se nota que pasa largas horas en el gimnasio tratando de emular los músculos de Schwarzenegger. Es un intransigente machista cuyos extremismos lo tornan un tanto chistoso e incluso simpático.
- Yo creo que debemos arriesgarnos y empezar el año con el pie derecho – intervine bastante emocionado.
La montaña Machu Picchu fue descubierta en el año 2005 y desde ahí aventureros de todas partes del mundo la escalan. A diferencia del Wayna Picchu, la otra montaña ubicada en el sitio arqueológico que tiene lista de espera, la apu Machu Picchu cuenta con menos afluencia de personas y para ingresar solo se necesitan agallas y buena disposición de tiempo. Es recomendable que estés preparado para cualquier cambio climatológico y que lleves un buen botellón de agua pues, aunque pese cargarla, morir de deshidratación no es la mejor opción.
- Muévanse zánganos. Dany apúrate, macho que se respeta se apura ¿entiendes?
Silvia es una joven de 27 años que trabaja con Dany y Angie en “Deloitte”. Es de estatura media, contextura media y tiene pequeños y achinados ojos escurridizos. Sus labios son delgados pero contorneados y, siempre sonrientes, muestran su frágil y encandilada personalidad.
- Pucha son más lentos – contestó Marco con una prepotencia única.
Al cabo de tres minutos Marco ya estaba mucho más adelante que nosotros. Creo que lo hizo para demostrar su tan preciada hombría. Silvia no paró de refunfuñar. Angie y dany se las arreglaron para caminar y besuquearse al mismo tiempo. Finalmente vimos la primera señal real de que estábamos en el camino correcto. Un enorme cartel con flecha nos lo deletreó (imposible no estar seguros). Decía “Montaña Machu Picchu”. Apenas lo leí mis pulsaciones subieron, tal cual lo harían si tuviese enfrente a la chica 21 más despampanante de la temporada.
- Chicos estamos en buen camino – Vociferó Silvia temblorosa y evidentemente asustada.
- ¡No me digas! – Coreamos todos con un tono irónico e intolerante.
- Ya, ¿que esperamos? subamos – dijo Dany señalando la angosta y verde entrada.
Cuando nos adentramos en la densa vegetación de la montaña, sentí un olor diferente. Era una deliciosa y empalagosa humedad que me jaló. El viento corría suave y acariciante. Los bichos chirribiaban musicalmente. No hacía calor ni frío y de cuando en cuando, un gota de lluvia me refrescaba la cabeza. Estaba convencido, la montaña nos daba la bienvenida. Era perfecto.
Durante varios minutos permanecimos en silencio. No hubo quejas, lamentos ni prepotencia. Luego de dar unos pasos nos chocamos con una rústica mesa de madera sobre la cual reposaba un ancho y descuidado cuaderno.
- Es una lista! – Dijo Silvia emocionada.
- Yo pongo mi nombre primero – contestó Angie avasalladoramente.
Para mí era importante. Tenía que dejar constancia de haber subido dicha montaña. Esperé a que todos llenen sus datos y después, con total orgullo, puse mi nombre. Angie cogió una enorme bocanada de aire y dijo.
- Hay que descansar un toque. me cansé.
Ese fue el punto de quiebre. De ahí en adelante el viaje se tornó insoportable. Por pedido de las damas, paramos a descansar cada tres pasos y como iba la cosa temía que nunca llegaríamos a la cima. Luego de unos momentos el paso se agilizó y aunque no teníamos destreza para subir como los montañistas, nos las arreglamos.
De pronto aquellas gotas de lluvia, que esporádicamente cayeron sobre mi cabeza, se volvieron más frecuentes y comencé a vislumbrar nuestro inhóspito destino.
Angie y dany, sorprendentemente se adelantaron y yo, por no dejar a Silvia sola, fui a paso de tortuga.
- Ayy !!!!! , No puedo respirar ya no aguanto más. Paremos un minuto.
- Está bien Silvia paremos un rato – contesté con tono conciliador
- Silvia, déjate de huevadas, todo está bien. Vamos párate hay que seguir. - Le contesté enérgicamente. Tengo que admitirlo, no tengo mucha paciencia y en ese momento lo único que quería era llegar a la cima
Inmediatamente Silvia se paró desganada y caminó un poco más rápido. Apenas me puse de pie un espeluznante vértigo corrió por todo mi cuerpo. Pude, por fin, ver el acantilado y comprobé todo lo que habíamos trepado. Por primera vez sentí miedo de caer. Estábamos parados sobre un camino realmente estrecho. A mi lado izquierdo se vislumbraba el precipicio más alto que he había visto en mi vida. Y pocos centímetros a mi derecha toscas rocas nos acercaban al abismo.
Estaba consciente de que una pisada en falso podía ser fatal. Pero aunque suene sadomasoquista, eso fue lo que me impulsó a continuar. La adrenalina. La aventura.
De pronto las nubes taparon el sol y oscurecieron nuestro panorama. Las antes inofensivas, gotas de lluvia se convirtieron en una torrencial tormenta. Las rocas, por las grandes cantidades de agua, se volvieron tan resbalosas como los pisos de las tinas sin antiadherentes. La temperatura descendió y cada paso que dábamos debía ser meditado ya que podía ser el último en nuestra corta vida.
- Puta madre, ya no puedo más. Sigue tú si quieres pero yo me quedo aca – Dijo Silvia gritando entre zollozos.
- ¿Qué te pasa? ¿piensas quedarte aca despues de todo lo que haz subido? – le contesté fuertemente
- Joaquín, me muero de frío y me duelen las piernas. No puedo, me va a dar hipotermia.
- Sentada aca como hongo te va a dar hipotermia. Toma, te doy mi casaca pero sigue, no te puedes quedar.- le dije mientras me sacaba la enorme y acolchada chaqueta de plumas que tenía puesta.
Primero no quiso aceptarla, pero luego de unos segundos la tomó dándome a cambio su diminuto y morado chaleco.
- Mierda esto no me queda olvidate. – Exclamé
- Joaquín, sino te vas a morir de frío y aquí no hay quien te cargue – Dijo Silvia un tanto ironica.
Al ponermelo sentí mis intestinos escurrirse hasta la garganta e imaginé como sufren los estoicos usuarios de la yesoterapia o algúna otra faja de venta por televisión. Era horrible.
Silvia soltó una carcajada y luego añadió.
- Te saca cintura.
Sus palabras me disgustaron pero guardé la compostura. Lo único que quería era seguir caminando.
- ¿podrías pararte y empezar a caminar? – le dije entredientes.
Luego de unos segundos, Silvia se puso de pie y seguimos la marcha.
De pronto uno de mis pies resbaló y sentí mis entrañas estrujarse de terror. Vi el precipicio a un centimetro de mi retina. Casi pude sentir mi cuerpo desprenderse del piso y caer al enorme e infinito vacío. Imaginé lo que sería precipitarse, desde esa altura, contra el piso. Dí un enorme suspiro y hasta creo que grité despavorido.
- ¿Estás bien?
- Si Silvia estoy bien no te preocupes solo me resbalé.
Silvia continuó caminando tras de mí. Yo seguí a paso lento y cauto. Aún me sentía tembloroso por el susto. No podía parar de pensar en lo que sería morir escalando la montañá. Creí que nunca regresaría a casa. Que ahí terminaría mi historia. Rezaba por llegar a la cumbre pero también rezaba por aparecer mágicamente al pie de la montaña. En el hotel. O mejor, en mi hogar.
Cada paso que daba era con tedio y pánico, el frío era incontenible, y estaba seguro que si exprimía mi polo y el chaleco morado de Silvia tendría agua suficiente para llenar el botellón de tres litros que había cargado durante todo el camino.
- Por fín carajo
Escuché un grito. No sabía de quien era pero creo que se trataba de Dany. El había llegado a la cima y no podía estar muy lejos. Tomé una larga bocanada de aire y empezé a caminar rápido y emocionado. El cansancio era infinito pero la idea de poner pie en la cumbre se perfilaba como una panacea inalcanzable. Finalmente luego de unos minutos llegamos.
Que desilución. La neblina había tapado el horizonte. No podía ver más allá de mis narices. El frío era aún más intenso. Las gotas de lluvia golpeban fuertemente mi cara y el estar ahí era aún mas tortuoso que todo el trayecto.
Dani y Angie tiritaban abrazados. Silvia no emitía palabra pero su expresión compunjida se asemejaba a la de una niña que no recibió regalo navideño. Marco, siempre erguido, estaba parado en la punta con el rostro hacia el vacío. El viento hondeaba los pliegos de su casaca y parecía una retaca imitación de heroe televisivo.
- Regresemos zánganos. Esto es una mierda. – Dijo Marco serio y con aires de superioridad.
El descenso no mejoró pero cada uno se las arregló para seguir. Silvia tomó una enorme rama y la utilizó de bastón. Angie se apoyó en los brazos de Dany y viceversa. Marco fue adelante, estudiando cautelosamente cada una de sus pisadas. Nos avisaba cuando habían rocas sueltas y nos daba una mano en bajadas muy altas. Tenía que admitirlo su actitud cambió y fue de gran ayuda durante la bajada.
Mis dos pies izquierdos boicoteaban todos los movimientos que intentaba. Los zapatos me quedaban chicos, me dolían las uñas. Era el último en la fila y aunque avancé extremadamente lento tropezé constantemente. En una ocasión caí como papa contra las piedras y, por un pelo, no me uní a la pacha mama (madre tierra) en versión molida y biodegradable. Cada tramo parecía la recta final y aunque no lo era me contentaba con la idea de que faltaba poco. - ¡Llegamos!
- Si tú dos horas después – Me contestó entre risas.
martes, 12 de enero de 2010
Brujería y Chamanismo

En 3 cuadras de la Av. Tacna se encuentran numerosos chamanes y brujos. Podrían revelarte el futuro y curarte de maldiciones. Cuyes, gallinas y plantas son sus instrumentos. Toman prácticas ancestrales que, aun vigentes en la actualidad, buscan traer soluciones a personas cuyos problemas van más allá de lo terrenal y tangible.
(Por Joaquín De Quesada Seminario)
El intoxicante olor a palosanto me remite a una tierra donde chasquis corren y aun se venera al dios sol. El imperio inca. En medio de edificios tráfico y smoke se encuentra este pequeño oasis místico donde lo esotérico es el pan de cada día. El chaman representa un hombre que posee características especiales, solían vivir en cuevas y chozas apartadas de la tribu. Es médico, adivino y además realiza ceremonias especiales. En Lima existe una sobreoferta de estos extraños fenómenos es casi tan fácil encontrarlos en la Av. Tacna como conseguir un caldo de pollo regresando del aeropuerto.
Son la 7:30pm y al lado de un puesto espiritual ocho personas disfrutan de anticuchos y picarones cocinados a la luz de la luna. La mezcla de fritura con incienso condiciona una extraña y casi festiva atmósfera. Se siente una energía diferente en el aire. Antes de que pueda emitir palabra una zarrapastrosa mujer vestida con cinco collares de perla me ofrece una lectura de cartas. Sin titubear acepte. Curiosos objetos llaman mi atención. Coloridas velas, imágenes de santos, amuletos, herraduras, polvos y… - ¿Qué es eso? – Pregunto- Son muñecos vuduSu respuesta electriza hasta el último pelo de mi cuerpo.
El vudú, religión haitiana derivada de cultos africanos, generalmente contiene fuerte implicancias de magia negra. Aun así mantengo la compostura y decido continuar con la leída.
- Pase, por favor, el brujo está adentro.
Me siento frente a un hombre delgado y trigueño. Vestido con polo sin mangas y desaliñados jeans. El se prende un cigarrillo ‘inca’’. La mezcla del fuerte olor a humo con el escozor corporal provocado por las pulgas, que saltan de cada rincón, convierte la sesión en un verdadero infierno. Pero leviatán no está presente lo único endemoniado ahí son estos pequeños insectos que chupan mi sangre como vampiros de medianoche.
Este brujo de origen piurano, cuyo apellido no quiso revelar, tiene 33 años y trabaja en la cartomancia desde hace 18. Su padre siempre lo motivó a esto. Cuando pequeño observaba con admiración como su progenitor hablaba con espíritus y desfallecidos. Realizaba curaciones y amarres. Se dio cuenta que debía dedicarse a lo mismo luego de que en una sesión, lo espíritus le hablaban a el y no al que la dirigía. Tiene una especial mística, que según el, tornaba imperativo que explote sus dones. Siempre se vio muy atraído por la lectura de cartas. Por el momento se dedica de lleno a este oficio.
El místico lector, practica magia blanca (esta dirigida a buenos propósitos) pero el pagano escenario adornado con muchos cráneos cadavéricos comunica a gritos total implicancia con lucifer. Este intimidante personaje, que responde al nombre de Freddy, también actúa sobre magia Roja (dirigida al amor) y Verde (útil para la prestidigitación). Felizmente la hechicería negra (dirigida a invocaciones demoníacas y satanismo) esta fuera de su discurso. Pero entonces ¿Por qué vende muñecos vudu? Es que hay gente que los compra. Freddy no los usa.
Al cabo de unos minutos el brujo empieza su interrogatorio. ‘’¿Qué signo eres? ¿Cuántos años tienes? ¿a que te dedicas?’’ Eso ya es mala señal, si tanto indaga, cuando lea mi destino fácilmente podrá parafrasear mis anteriores respuestas. Estando conciente de este detalle respondo todas sus inquietudes en busca de innovación a la hora de su adivinación. Extrae de su bolsillo un mazo de 50 naipes españoles, comúnmente utilizados en la cartomancia, y mirándome fijamente exclama. ‘’Pártelo en tres fajos’’. Los separo mientras, que siempre escéptico, espero mi destino. Cuando acomoda las cartas me cuenta sobre Ramón Ferreros, quien supuestamente, es asiduo cliente suyo. Yo tan solo me limito a escuchar tratando de luchar con la comezón que por el momento me saca de quicio.
Entre mi altercado con los bichos logré oír sobre Claveles, rosas y salvia. Son, tan solo, algunas de las especies botánicas que, para conseguir la tranquilidad, tienen que estar presentes en mis baños. Otro menester es nombrar una planta bajo el nombre de mi tío. Solo de esa manera logrará liberarse de sus problemas. Pero a lo largo de su monólogo no puedo parar de pensar en que pudo haber preguntado Ramón Ferreros. Siempre curioso me atrevo a inquirirle sobre este asunto.‘’Lo siento amigo no puedo revelarte sus secretos’’
Debo hacer mucho esfuerzo para entender sus palabras, la bulla de los carros no me permite escucharlo claramente.Se que salud, dinero y amor formaron parte de sus respuestas, pero resultaron tan inverosímiles y poco convincentes que lejos de quedar satisfecho decido ir en búsqueda de otro hechicero cuyo ritual resulte más tentador.
Es así como llego al puesto de Don José, este chaman/ brujo, se encuentra unos pasos mas allá. Tiene una circular figura, similar a la de un porongo, la cual esconde bajo una chompa y mantos de chillones colores. Mientras veo caer una estrepitosa gota de sudor bajo su rostro le pregunto el porque de su abrigador atuendo. ‘’Así me visto para las sesiones’’ me responde seriamente, intuyo que se sintió un poco incómodo con mi interrogante.
En una oscura tiendecilla con muchos adornos, similares a los de Freddy realiza numerosos rituales destinados a diversos fines. Exorcismos, purificaciones y meditaciones son sus fuertes. Me ofrece la segunda, pero al enterarme que incluía alucinógenos y brebajes de dudosa procedencia, prefiero abstenerme.Luego de oír bastas recomendaciones por parte de las extrañas muchachas, que atendían en la tienda, opté por realizarme una lectura de hojas de coca.
Chaman y brujo son denominaciones completamente distintas, el primero suele realizar curaciones. El método más común para este fin es el pasar cuyes, gallinas negras, huevos y en fin cuanto animal de granja o derivados se encuentren en el camino. Así luego de abrirlos, este representaría una radiografía de tu cuerpo y absorbería tus malas vibras, que bien pueden haber sido generadas por maldiciones, envidias u ojeadas. En cuanto al brujo, consigue realizar hechizos, amarres e incluso pronosticar tu futuro. Pero cuando de curaciones se trata no tiene siquiera la habilidad de sacarte una simple indigestión.
Don José coge un puñado de hojas de coca y con una concentración sin igual empieza a rezar sobre mi cabeza. Tal cual lo haría una beata en el altar de una iglesia. ‘’! Yo te desenredo, te quito las trabas, para que te desenrolles, para ver tu futuro, para que te desenvuelvas como personaaaa! ¡Yo te desenredo y te quito las trabas para poderle ver el futuro a este caballeroooo!Luego sopla las hojas de su mano dejándolas caer de manera espontánea sobre la mesa. De pronto un silencio casi sepulcral invade la habitación. Su evidente expresión de preocupación potencia un cosquilleo en mi estomago. El mutismo se interrumpe por las atemorizantes palabras de mi lector.
- Cuídate mucho, gente quiere hacerte daño. ¿Crees en la brujería? - No – le respondo enérgicamente- Deberías, ¿a veces te despiertas cansado y aburrido?- Si, a veces - Eso es mala señal
José Tiene 64 años es piurano y se desenvuelve como curandero y adivinador desde que tiene 22. Al parecer con mayor experiencia que mi anterior brujo, puede leer las hojas de coca, el cigarro y las cartas españolas. Dice tener una gran habilidad para detectar males de todo tipo. Dígase ojeadas o maldiciones. Es el más efectivo en cuanto a curaciones respecta. Solo necesita algunos polvos, verduras y animales. Pero no nos confundamos la cocina no es su fuerte. Mediante estos ingredientes, puede curarte de los peores males en un chaz. Si buscas sus servicios solo tendrás que desembolsar una módica suma de 100 soles. No acepta tarjetas ni cheques de viajero. Pero créeme vale la pena, pues aunque no lo cubra el seguro, es el perfecto sustituto a tu médico de cabecera.
Lo que me dijo definitivamente me causa temor pero trato de evadirlo indagándole sobre distintos aspectos de mi vida.- ¿Cómo me irá en el amor?- Pregunto - ¿Tienes enamorada?- No - Veo que estarás solo por un tiempo.- ¿Cómo me irá en los estudios?- ¿Qué estudias?- Comunicaciones- Veo, que serás exitoso.Salvo el sortilegio que me aqueja, no revela nada nuevo. Decepcionado salgo del recinto únicamente para respirar un poco del aire fresco y limpio que solo las combis y demás carcochas, propias del centro, pueden proporcionar
